Manolo SantoméJusto hoy hace un año que nos dejó Manuel Ranchal Arévalo, al que todos conocíamos por Manolo Santomé. Cuántas veces lo hemos nombrado desde entonces. Cuántas veces lo hemos echado de menos al visitar el Santo Hospital, al no verlo en nuestras procesiones, junto a la Virgen de Luna… Cuántas veces hemos hablado de él y de lo que nos enseñaba desde su peculiar agudeza. Cuántas anécdotas hemos contado y cuántas nos han contado que demostraban su singular sabiduría. Cuántas veces hemos alabado su carácter servicial con todos. Cuántas veces hemos comentado el amor que le profesaba a su madre a la que nombraba y recordaba todos los días. Cuántas veces nos hemos admirado de la cantidad de personas de toda clase y condición que fueron a despedirse de él en su funeral.

Estamos seguros de que los que le conocimos de cerca no lo hemos olvidado ni lo vamos a olvidar fácilmente por mucho tiempo que pase y, aunque sigamos echándolo de menos, tenemos la satisfacción de que está junto a Jesús Nazareno hilando el hilo de la vida eterna con la que premia a los justos.

Allí está también Angelita Martínez, otra persona que ha pasado prácticamente toda su vida en el Hospital de Jesús Nazareno, primero como trabajadora y luego como residente, ejemplo de amabilidad y cariño hacia nosotros siempre que nos veía y que nos dejó el viernes pasado. D.E.P.