Al igual que hicimos ayer, os traemos el ejercicio del segundo día del Triduo en honor a Nuestro Padre Jesús Nazareno que deberíamos estar celebrando hoy. Es una buena oportunidad para la reflexión y la oración.

JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR Y PERDONAR

Del Evangelio de San Lucas, 23 ,33-37.

     Y cuando llegaron al lugar llamado “La Calavera”, lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.    

     Jesús decía: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

   Hicieron lotes con sus ropas y las echaron a suertes. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados hacían muecas diciendo: “A otros has salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido”.

   Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: Si eres tú el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo”.

Palabra de Dios

JESÚS ES CRUCIFICADO: PERDONA.

      Jesús en la cima del monte, despejado de sus vestidos, despojado de su dignidad, fue cosido a un madero con clavos. Es infamia y vergüenza, puro dolor. Ya  no puede moverse, sólo esperar, entre indecibles tormentos, que llegue la muerte amiga.

     Jesús no protesta ni maldice. Es como cordero degollado, como oveja ante el esquilador. Pero sí, ahora se escuchan unas palabras. Son de oración y perdón: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Por cada golpe que recibe, una oración y un perdón. Estas son palabras nuevas, que no se estilan en la tierra.

         Realmente este hombre es un Salvador y un Maestro.

      Jesús crucificado, Tú asumes todo el dolor del mundo, todas las cruces humanas. Enséñanos a quitar cruces. Enséñanos a orar y perdonar incluso en la cruz.