Luto, dolor y soledad. Es Viernes Santo. Jesús ha muerto. Su cuerpo yace inerte en su condición humana y como hombre ha sufrido el dolor y el escarnio. «Hágase tu voluntad y no la mía». Pero su muerte no es en vano porque no puede haber resurrección si no hay muerte. Aunque nos quede la soledad y la tristeza inconsolable de una madre que pierde a su hijo, aunque nos duela el alma, sabemos que pronto resucitará y que esa muerte nos salva.