Silencio y gloria. Silencio que se hace Caridad. Silencio que sólo se rompe por el ronco sonar del tambor y por el rezo del Vía-Crucis. Silencio que invita a reflexionar en lo que vemos y escuchamos, que nos impele a mirar en nuestro interior y a olvidarnos del ruido exterior, de lo superfluo. Caridad que es virtud en silencio; como dijo Jesús: “que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”.

Gloria que nos trae el Señor Rescatado paseando imponente desde su barrio al corazón de los que lo contemplamos. Sus manos, ahora atadas, se abrirán pronto en la cruz para abrazarnos a todos, para rescatarnos del pecado y de la muerte y  regalarnos la vida eterna.