Amargura en tu mirada, amargura en tu bello rostro, amargura en el alma al ver a tu Hijo clavado en la cruz, atravesado el costado por una lanza. Pero, ¿qué mayor consuelo tras  la amargura de una ofensa que el perdón? Si Jesucristo nos enseñó a perdonar, a amar a los demás como a nosotros mismos, hagamos como Él y perdonemos a los que nos ofenden. ¡Perdón!, ¡qué bella palabra!, aunque a veces, ¡qué mal usada! ¡Qué acertados estuvieron quienes eligieron este nombre para su Cristo crucificado! ¡Cuántas veces repetida en estos meses esa palabra por la pérdida cruel y sin sentido de uno de sus hijos que, estamos seguros, hoy estará muy presente en la casa salesiana! Hoy es Jueves Santo y Cristo, desde la Cruz, proclama: ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»!