Ya lo han conseguido. Jesús ha muerto. Yace inerte en su sepulcro atravesado por la lanza del odio, del miedo a un reino que no es de este mundo. La tarde se ensombrece. El velo del templo se rasga. La tristeza se apodera de los corazones de los que le siguen. Pero nos queda la esperanza de que al tercer día Jesucristo resucitará, vencerá a la muerte y empezará un tiempo nuevo para los que le aman.