SEMANA SANTA 2018: VIERNES SANTO, “MADRUGÁ”

En el Huerto de los Olivos de la Plaza de la Iglesia, Jesús Nazareno es traicionado, entregado a las autoridades y sentenciado a morir en la Cruz. Pilatos se lava las manos pero no evita una condena injusta que lleva al inocente a la muerte. La suerte está echada. La escritura se ha de cumplir. ¡Cuántas veces nos lavamos las manos con la indiferencia, con la desidia, con la comodidad, con el no querer tomar partido, con la nula voluntad de ponernos al servicio de los demás! ¡Cuántas veces nos lavamos las manos ante la injusticia, ante la soledad, ante la enfermedad, ante la pobreza!

Y ahí está Jesús, asumiendo su destino, abrazando la Cruz de todas las injusticias, de todas las miserias, de todos nuestros pecados. Ahí va, camino del Calvario, cargado con una pesada cruz que sólo Él es capaz de soportar. Y nosotros mirando, contemplándolo absortos, sin caer en la cuenta de su mensaje, sin entender que nos pide ser cirineos de los demás, amarlos, perdonarlos, ayudarles. Jesús con la Cruz a cuestas…    

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