Rememoramos hoy el momento en que Jesús es amarrado a una columna y azotado sin piedad. La respuesta de Jesucristo: el silencio, el silencio de un Hombre que acata la voluntad de su Padre que está en el cielo, el silencio que necesitamos para vivir de verdad y cristianamente la Semana Santa y cada día de nuestra vida, el silencio para escuchar la llamada que Jesús nos hace, el silencio para trabajar por los más débiles sin que la mano izquierda sepa lo que hace la derecha, el silencio que nos procura paz interior, el silencio tantas veces roto con alharacas y fuegos de artificio, el silencio tan necesario y tan frágil que no lo oímos.