En un día espléndido de sol y con una temperatura impropia del mes de febrero, miles de pozoalbenses y de visitantes nos trasladamos al corazón de la Jara para vivir un multitudinario y magnífico día de romería. Desde bien temprano fueron muchos los romeros que emprendieron el camino a pie hasta el Santuario; muchos más los que llegaron en vehículos. La campana de la ermita no dejó de repicar en toda la mañana elevando sus sones de alegría al cielo de Los Pedroches.

Con el ritual de siglos pasados y después del ceremonial acostumbrado, la Virgen de Luna partía en olor de multitudes de regreso a Pozoblanco. Escoltada por sus Hermanos y por cientos de romeros a pie, nuestra Madre y Patrona lucía radiante en sus andas reformadas y, pasito a paso, esfuerzo a esfuerzo de sus porteadores, fue avanzando Coguchuela arriba, pasando el Pozo de San Diego, el Pozo la Legua, donde las mujeres toman el relevo para llevar a la Virgen, la Venta Caída y, tras coronar la Pisá del Moro, avistar ya el caserío de Pozoblanco. En el Arroyo Hondo, lleno de personas que la esperaban, los niños con los hornazos como es tradición, se produce la recepción oficial.

Desde allí hasta la parroquia, con las aceras abarrotadas, se suceden las descargas en los lugares de costumbre y, en el Ayuntamiento, el Alcalde le pone el bastón de Alcaldesa Perpetua tras lo que, desde uno de los balcones del edificio consistorial, cae una lluvia de pétalos en homenaje a la Madre y Patrona. Una última descarga en la Plaza de la Iglesia y una función de fuegos artificiales preludia la entrada de la Virgen en la que será su casa durante los próximos cuatro meses. Su regreso a Pozoblanco nos ha traído a todos los que la amamos la alegría de tener otra vez muy cerquita a una Madre que cuida a sus hijos y vela por ellos y esa alegría pudimos vivirla y sentirla en esta inolvidable jornada de romería. ¡Viva la Virgen de Luna!