Jornada intensa la que pudimos vivir ayer en nuestra Hermandad. Ya desde por la mañana se podía comprobar el incensante trasiego de personas tanto en la Capilla como en las demás dependencias que tenemos en el Santo Hospital. La tranquilidad volvió a eso de las dos de la tarde cuando ya todo quedó perfectamente preparado para que, unas horas después, se abrieran las puertas del recoleto templo hospitalario para dar inicio a nuestra Estación de Penitencia. Pero antes, los ancianos pudieron manifestar su devoción al Padre Jesús reunidos ante su Bendita Imagen en un acto tan sencillo como cargado de emoción y sentimientos.

Y, por fin, a las nueve y cuarto de la noche, se abría el portón de la Capilla y la Cruz de Guía salía a una abarrotada Plaza de la Iglesia. Veinte minutos después, los que transcurrieron hasta que todo el cortejo penitencial -hermanos de luz, representación de la Cofradía de Soldados Romanos y Penitentes, símbolos, etc.- estuvo en la calle, con la Capilla iluminada tan sólo por los faroles del “paso”, Jesús Nazareno se asomaba muy poquito a poco a la plaza y, una vez más, se hizo el silencio para contemplar la Majestad del Señor saliendo a su pueblo y poniendo un nudo de emoción en los corazones de los allí presentes.

Largas filas de nazarenos y muchísimos penitentes tras el Paso del Señor acompañaron el itinerario penitencial de nuestra Hermandad que transcurrió sin novedad y ni tan siquiera el frescor de la noche impidió que prácticamente todas las callles del recorrido estuvieran llenas de personas que quisieron ver a Jesús Nazareno mecido suavemente por sus Hermanos Costaleros acompasados por los sones de la Banda de Nuestra Señora de la Merced de El Viso del Alcor.

Cuatro horas más tarde, el cortejo regresaba a una Plaza de la Iglesia en la que muchísimas personas esperaban todavía para despedirse del Padre Jesús antes de recogerse de nuevo en su Capilla. Desde Santa Catalina el trono del Señor se fue abriendo paso entre los nazarenos que le aguardaban para verlo andar, muchos por primera vez en todo el recorrido, hasta que en un medido giro a los sones de la marcha El Salvador, el “paso” quedaba enfilado para iniciar la maniobra de entrada que los Hermanos Costaleros ejecutaron a la perfección.

Desde aquí agradecemos su labor a todos y cada uno de los que habéis trabajado y participado de una forma u otra para conseguir que, un año más, Nuestro Padre Jesús Nazareno haya caminado por nuestras calles con la dignidad, el respeto y la devoción que se merece.

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