Viernes Santo: Prendimiento. Santo Entierro. La Soledad.

Hoy, Viernes Santo, celebramos que Jesucristo “nos amó hasta dar su vida por nosotros”. La pasión y la cruz de Jesús nos enseña que Dios no quiere el dolor ni la muerte de su Hijo –ni de nadie–, sino la vida. En toda cruz hay responsabilidades humanas que no podemos eludir, entremezcladas con otras más misteriosas de dilucidar, a la vez que pone en evidencia los valores y sentimientos que sostienen a una persona. Para Jesús su entrega hasta la muerte en la cruz tiene un profundo sentido, arraigado en su amor y confianza en el Padre y en su proyecto salvador por la humanidad. Son los momentos límites de la vida los que ponen a prueba nuestras creencias y afectos profundos. En quién confiamos verdaderamente y hasta dónde somos capaces de llegar en nuestros sacrificios por los demás.

En la cruz es juzgado el amor de Dios. Jesús tampoco elude esta cruz. La de ser juzgado en sus creencias y sentimientos más íntimos. Por su misma condición de Hijo de Dios, sufre escarnio y humillación. Es juzgado por ofrecer una Buena Nueva que transforma el mundo en un reino de paz y fraternidad, por revelarnos el amor incondicional suyo y del Padre por la humanidad. Al juzgar a Jesús, Dios mismo es juzgado por su amor. Y no hay dolor más grande que ser juzgados injustamente por aquellos que amamos y entregamos la vida. La cruz se hace aún más dolorosa y la entrega más generosa.

Santo Entierro Viernes Santo PozoblancoCuando el otro entra en el horizonte de nuestro dolor, como destinatario de nuestra entrega y sacrificio por amor, la cruz encuentra un sentido para quien la asume y se transforma en causa de redención para quien se beneficia. Y es ese amor que duele, como el de Jesús, el que nos salva. Descubrirlo, agradecerlo y reproducirlo, es como los creyentes podemos unirnos a Dios en la redención del mundo. Nos quedan los símbolos que brotan del costado atravesado de Jesús por la lanza del soldado, sangre y agua –eucaristía y bautismo–, los sacramentos que perpetúan y actualizan la entrega salvadora del Hijo de Dios por nosotros y por toda la humanidad.

Fr. Rafael Colomé Angelats