Sábado Santo.

Escuchamos muchas palabras en la liturgia del Sábado Santo. La última se pronuncia en el silencio de una tumba mientras todos, desconcertados, duermen. El Dios que fue creando un proceso de diálogo y encuentro en su Revelación, afirma junto al sepulcro su definitiva expresión de fidelidad a Cristo, y por él a nuestra Historia, a todo el ser humano. Si en la noche de Belén “la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14), en la oscuridad que oculta el cuerpo del Crucificado Dios pronuncia una palabra de Vida que vence a la muerte, al mal, al pecado, y que se convierte en el pregón de una existencia mejor.

Porque Dios tiene, también para todas nuestras noches, – las noches de esta humanidad- una última palabra. No la tienen, aunque lo parezca, las amenazas nucleares o las bombas que destruyen; ni la enfermedad o la injusticia social. Tampoco el mal del que ninguno de nosotros escapamos… Más fuerte que todo eso sigue resonando, en el presente y como promesa de futuro, la voz de Dios que en Jesús vence al mal y que –como en el primer momento- sigue poniendo en marcha una nueva creación que es su Reino.

Fr. Javier Garzón Garzón