Manuel Ranchal Arévalo (Foto: Archivo Hermandad)

Manuel Ranchal Arévalo (Foto: Archivo Hermandad)

Sin duda una de las personas más queridas por todo Pozoblanco, muy en especial por los que formamos la familia nazarena, es Manolo «Santomé». Cuántas veces lo hemos visto por las calles de nuestro pueblo acompañando cualquier procesión, los entierros, haciendo algún recado que le mandaban las Hermanas o sentado en un banco de la Plaza de la Iglesia desenredando un hilo que podría ser el hilo de su vida. Cuántos ratos hemos compartido con él en el Santo Hospital durante las fiestas de Feria o de Reyes, en las sesiones de los miércoles del Grupo de Lectura a las que no faltaba o en tantas y tantas visitas que hemos hecho a la Santa Casa para alguna gestión de nuestra Hermandad. ¿Qué romero no lo ha visto en los caminos de traída o llevada a la Virgen de Luna? Y siempre, siempre que hablábamos con él nos enseñaba algo. Aprendimos de su sencillez, de su ingenio, de su corazón limpio. Nos reímos con sus comentarios que nos asombraban muchas veces por su sagacidad. Nos alegraba que nos reconociera, que nos saludara y agradecimos su sonrisa. 

Esta mañana, ese hilo que lo unía físicamente al mundo se ha roto para siempre. Sinceramente creemos que se va un personaje para la historia de Pozoblanco, para esa pequeña gran historia hecha de cosas cotidianas, de vidas sencillas pero que dejan un recuerdo imborrable. Lo vamos a echar de menos.

Pedimos a Jesús Nazareno que lo tenga a su lado y a los Hermanos de Jesús y a todos los que formamos la familia Nazarena que recen una oración por su alma y que si, pueden, le acompañen en el funeral que se celebrará mañana martes a las 11’00 en la Capilla del Santo Hospital.