SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR.                 […] “Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12).    Éste es el signo de siempre  para encontrar a Jesús.  No sólo entonces, sino también hoy.  Si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren.  Allí está Dios.  Y para encontrarlo hay que ir allí, donde él está: es necesario reclinarse, abajarse, hacerse pequeño. El Niño que nace nos interpela: nos llama a dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras pretensiones insaciables, a abandonar las insatisfacciones permanentes y la tristeza ante cualquier cosa que siempre nos faltará. Dejémonos interpelar por el Niño en el pesebre, pero dejémonos interpelar también por los niños que, hoy, no están recostados en una cuna, ni acariciados por el afecto de una madre ni de un padre, sino que yacen en los escuálidos “pesebres donde se devora su dignidad”.  El misterio de la Navidad, que es luz y alegría,  interpela y golpea,  porque es al mismo tiempo un  misterio de esperanza y de tristeza”.   (Papa Francisco)

Las personas que formamos el Grupo de Lectura “Manolo Santomé” deseamos emprender juntos: con los Ancianos del Santo Hospital, con sus Familias, con la Comunidad de Hermanas Hospitalarias y con los Cofrades de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que auspicia este Voluntariado, el camino hacia la luz del Salvador:  el Mesías,  el Señor, que hoy nos nace y nos trae la salvación.

«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».