COMO DEBE SER.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. (Mateo, 5, 1-12.)

Los Ancianos de Jesús Nazareno celebraron en la tarde de ayer, día 31, con el Grupo de Voluntarios, la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.

Celebramos y recordamos a los Santos y a los hermanos que han vivido su vida cristiana en la plenitud de la fe y del amor en medio de una vida sencilla. Celebramos, por tanto, la fiesta de la santidad: la que sabe vivir fielmente, día a día, las exigencias del Bautismo. Una santidad hecha de Amor a Dios y a los hermanos. 

El lunes, día 29, por la mañana, el Grupo de Voluntarios, obedeciendo las indicaciones de la Superiora del Santo Hospital ante las previsiones de lluvia del martes 30, y del miércoles 31, acompañamos a los Ancianos al Cementerio, junto con auxiliares en prácticas de la Residencia. Así pudieron visitar las tumbas de sus seres queridos, rezando por ellos y por los difuntos que nadie recuerda. Hicieron memoria de los suyos ante sus restos mortales. Antes que nosotros, Jesús Nazareno hizo este camino. Y ÉL mismo nos abrió la puerta de la esperanza de la Resurrección, con su Cruz, para entrar donde contemplaremos a Dios. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí”.

Y así en estos días, una vez más, un año más, hemos correspondido con nuestras heredadas tradiciones de fe. Como debe ser.