“UN  TESORO TIENE  MI  RISUEÑO  VALLE…”

No es que nos hubiéramos olvidado de anotar aquí lo que sucedió el miércoles 31 por la tarde en la Santa Casa, donde los Ancianos de Jesús Nazareno viven, acogiendo a los miembros de este Grupo de Lectura que deseaba compartir con ellos los ritos del culto que Pozoblanco rinde a su Patrona y Alcaldesa Perpetua, la Santísima Virgen de Luna. No es que nos hubiéramos olvidado de ELLA, no. Tuvimos que atender otros quehaceres. No nos olvidamos porque quienes LA conocen una vez jamás olvidan implorarla ni agradecer sus favores… El que posee una joya de gran valor y mérito la guarda afanoso en el fondo de su corazón y espera la ocasión propicia para ostentarla debidamente, como ha tiempo sucedióle al pastorcito que “se arrodilla en la margen del arroyo que refleja un panorama de divina hermosura: tornasoladas nubes sobre un manto azulado… y una encina gigante sobre empinada loma… y en una de sus ramas, sirviéndole de cuna, una Virgen preciosa de rostro candoroso, con un Niño en los brazos, como ninguno hermoso, orlada de fulgores y a sus pies una luna… Sobresaltado mira con ansia al cielo buscando lo que ha visto; mas ¿cómo pensar pudo que la madre de Cristo, estuviese a su lado; estuviese en la Sierra?  … Y así, en efecto era”. 

DE PADRES A HIJOS. ALEGRÍA. Y UNA CLAVE DE LA FELICIDAD. Por no perder la costumbre tan antigua y tan arraigada ofrécele a la Virgen de Luna tu hornazo y tu bollo: Virgen de Luna, ¿quieres mi hornazo? Virgen de Luna, ¿quieres mi bollo? Entonces, milagrosamente, el salón de la Santa Casa imitó la llegada de la Virgen al “Arroyo Hondo” y los Ancianos de Jesús Nazareno saborearon uno de los tradicionales ritos del culto que Pozoblanco rinde a su Patrona: EL HORNAZO. El tamborilero de la Virgen, Teodoro Cardador, heredó el fervor mariano de su padre Manuel (q.e.p.d.) Quizás en noble agradecimiento a su recuerdo, y en homenaje ferviente, tuvo la generosa iniciativa de repicar su tambor para ellos y colmar la alegría de la tarde que anunciaba la fiesta. Mientras, su esposa Paquita Guijo repartía los tradicionales bollos de aceite, deleitando a los Ancianos de Jesús Nazareno.

Cumplióse el aserto: Provoca más dicha dar que recibir.