PASEOS HISTÓRICO-MEMORÍSTICOS POR LAS CALLES DE POZOBLANCO. I

Elvira Cardador, voluntaria del Grupo de Lectura “Manolo Santomé”, dinamizó con maestría la tarde de ayer acompañando a los Ancianos de Jesús Nazareno en un primer “Paseo Histórico por Pozoblanco”, basándose en la Guía Histórico-Artística, editada por el Excmo. Ayuntamiento y la Asociación Piedra y Cal para la Defensa del Patrimonio Histórico de Pozoblanco. Memorístico también, sí, porque dimos importancia principal a la Memoria, que es la facultad de recordar y es potencia del alma junto con el Entendimiento y la Voluntad.

Pozoblanco, desde sus orígenes, construye su Historia día a día. “No son los Castillos, sino las personas quienes la escriben. Y los Documentos y los Libros guardados en los Archivos y en las Bibliotecas los que permiten reconstruirla: documentos de Instituciones políticas y religiosas; personajes como Juan Ginés de Sepúlveda, cronista de Carlos V; Antonio Félix Muñoz y Marcos Redondo, citando sólo a algunos de ellos»…

Los Ancianos de Jesús Nazareno, guiados por Elvira Cardador, pasearon ayer por la tarde a través de su memoria colectiva saliendo todos, con la imaginación, desde la “Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Antiguo Hospital”, por la Plaza de la Iglesia, por la Calle Padre Tarín, denominada así en memoria del vigoroso predicador jesuita Francisco de Paula Tarín, fundador en Pozoblanco de las Conferencias de San Vicente de Paúl para mujeres, y que fue llamada antiguamente «calle de los curas»; al Barrio de “El Castillejo”, El Pósito y Panera, y por la Calle Úrsula Muñoz, célebre sanadora de huesos nacida en Pozoblanco en el año 1849,  hasta la actual Plaza de la Constitución, donde se instalaba el mercado desde tiempo inmemorial y hasta los años cincuenta del siglo XX. En el recorrido comentamos y lamentamos la pérdida de un dintel y escudo heráldico, desaparecidos para siempre víctimas de un mal entendido progreso.

Seguiremos paseando histórica, memorística y literariamente hablando por Pozoblanco con Elvira Cardador, porque este primer Paseo ha supuesto un sano ejercicio recordatorio y una experiencia acertada que nos reconfortó, física y espiritualmente, como una taza de leche caliente con miel tomada después del frío.