DE ALEGRÍAS Y POESÍAS DE SENTIMIENTO

“La tarde abrió cien flores de luz y de armonía”

El encontrarse de nuevo es alegre. Y lo es volver a la actividad de ser voluntario en ejercicio y sentirse bien entre amigos: querer y ser querido. ¡Oh bienestar! ¡Oh ventura! … cantaría, por esto, el poeta.  Florencio Escribano, entre los Ancianos de Jesús Nazareno, ha acompasado con su palabra y sus versos cada minuto de esta tarde de oro meciendo el tiempo sin prisa.  Pensábamos pues… “cada minuto de este oro, ¿no es toda la eternidad? El aire puro lo mece sin prisa, como si ya fuera todo el oro que tuviera que acompasar. Cada minuto de este oro, ¿no es un latido inmortal de mi corazón, radiante por toda la eternidad?

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De la misma tarde otro momento glorioso lo puso Ángel, nuestro presidente, Ángel María López. Llegó con un cuadro en sus manos: una fotografía de Manuel Ranchal Arévalo, “Manolo Santomé”, que entregó a la Comunidad como regalo, recuerdo y homenaje a nuestro amigo querido.

Entonces, “las palabras, en la boca, abrían igual que flores de melodía y de aroma, y un enredo de sonrisas y de miradas, en ronda de felicidad, llevaban de una fantasía a otra”.

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