A las 17 h. nos reunimos en el Santo Hospital, la Casa de Jesús Nazareno y la de sus Ancianos. Y nos abrazamos ilusionados con el reencuentro después de las vacaciones del Grupo de Lectura. Después de los abrazos, lo primero fue rezar por los ausentes, nombrarlos gozando ya del Cielo: “Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: Muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero”.

Así se expresaba Santa Teresa de Jesús (1515-1582), cuya onomástica se celebraba ayer, en su poesía religiosa “Vivo sin vivir en mí”. Estos versos, y otros de la Santa, recitó doña Carmen Rodríguez con su dicción extraordinaria y su natural gracejo.

Basados, luego, en un texto titulado “La escuela” del libro de Cecilio Márquez Tornero “Costumbres y recuerdos de mi tierra”, los Ancianos recordaron la época de sus años escolares y el nombre de sus maestros, participando todos de los recuerdos y de las anécdotas, entre risas y entre cantos, que cantar también les gusta.

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