LA LUZ DEL VERDINAL     ¿Para qué escribir de otros sitios, de otros rincones, si la única estampa que me reconcilia con el tiempo solamente reside en el temblor de esa luz total que supura música y lluvias de terciopelo? En ella está mi paisaje, lo poco que soy: un trozo de arcilla sentado al lado de unos juncos o una hormiga cansada cruzando el límite de la edad que separa a aquel tiempo bellísimo del frío.

Éstas, y otras poéticas palabras les decía y contaba esta tarde Alejandro López Andrada, poeta nacido en Villanueva del Duque, a los Ancianos de Jesús Nazareno en el Santo Hospital. Amable y complaciente con ellos, les habló de su vida y de los amores eternos de su vida, inmersos en su obra poética y narrativa, inspiradas en el mundo rural y en la Naturaleza, o, también, de su compromiso ético y moral que enriquece y profundiza el alcance de su obra poética, leyéndoles fragmentos de algunos de sus libros y poemarios: de  “La luz del Verdinal”, “El cazador de luciérnagas” o “Las voces derrotadas“.   

 “¿Acaso no es mi espíritu el temblor  / de esa bandera rota,  / desvaída, / mecida entre las hojas de los robles?

Agradecido por la cariñosa acogida dispensada por los Ancianos de Jesús Nazareno, prometió Alejandro volver otra tarde con más tiempo para dedicársela a ellos, e intercambiar versos, retazos de vida y de memorias, escritos en el corazón.

 

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