El pasado sábado, día 15, nuestro hermano Juan Bautista Escribano Cabrera pudo, por fin, poner voz y hacer público el pregón que con tanto cariño había preparado para el mes de febrero pero que, como todos saben, las restricciones por el coronavirus provocaron que se pospusiera y se celebrara en las vísperas del regreso de la Virgen de Luna a su santuario.

Juan Bautista nos contó el camino, el de todos, y su camino. El de todos porque, quien más quien menos, hemos compartido las mismas etapas desde la niñez, cuando lo hacíamos de la mano de nuestros padres, pasando por la adolescencia, en la que empezábamos a soltarnos de esas manos protectoras, y llegando a la juventud y la madurez, cuando volamos por nuestra cuenta.

El suyo porque tiene una característica especial que señaló con una palabra clave a lo largo de su pregón: vecino, porque vecino ha sido y es de la ermita y en ese paraje incomparable ha estado siempre muy cerca de la Virgen y ha vivido las romerías «oficiales» y muchísimas más casi a diario, en determinadas épocas de su vida, acompañado de su madre, la otra palabra clave del pregón, y sus hermanos. Esa circunstancia especial y las enseñanzas de su madre han configurado de una forma indeleble su profunda devoción a la Madre de Luna. A las dos, su madre en la tierra y la Madre del cielo, agradeció más de una vez todo lo que le han dado.

Entrañable, natural y emocionante la presentación que hizo del pregonero su sobrino Francisco y espectacular la actuación de Pili Acaíñas, sobre todo, en una poesía de Hilario Ángel Calero adaptada a sevillanas. Una cerrada ovación del público expresó su beneplácito a lo escuchado y vivido terminando el acto con la entrega al pregonero de sendos recuerdos por parte de la Cofradía de la Virgen de Luna y del Excmo. Ayuntamiento de Pozoblanco.

Desde aquí damos la más sincera enhorabuena a nuestro hermano Juan Bautista por su excelente pregón y pedimos a Jesús Nazareno y a la Virgen de Luna que lo guarden muchos años.