La devoción de los Ancianos, residentes en el Santo Hospital, a Nuestro Padre Jesús Nazareno culmina en la tarde del Martes Santo en un acto de fervor frente a su Imagen elevada al trono, donde unas horas después recogerá el fervor ancestral de su Pueblo asomado a las calles y plazas para rezarle igualmente:

<<El mejor amigo que tiene mi Pueblo, Jesús de los pobres, Jesús Nazareno; Jesús de los niños, Jesús de los negros, Jesús de los blancos, Dios de los pequeños; Jesús del humilde, del obrero, de los santos, Jesús de los enfermos… En el Martes Santo sales de tu templo en trono barroco bendiciendo al Pueblo… El mejor amigo, Tú, nuestro lucero; el que nunca falla, el amigo tierno; el mejor amigo que tiene mi Pueblo; Jesús de los pobres, Jesús Nazareno>>.

Todos los Ancianos de la Santa Casa ocupan y llenan la Capilla. Lo miran. Jesús Nazareno en el centro de sus miradas se las devuelve mirándolos Humilde y Sereno mientras <<camina hacia el Calvario con el peso de la Cruz>>. Las plegarias brotan espontáneas de los labios del alma de todos los allí reunidos alrededor de la misma fe, de la misma devoción que a todos nos iguala. Algunos rezan en voz alta, y cantan: son los amigos de Jesús que viven en el Centro de Asistencia a los Minusválidos Físicos, que han formado un coro y vienen todos los años a estar presentes en este acto íntimo y entrañable, y lleno de emoción: <<¿Quién me presta una escalera, para subir al madero, para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?>>.

<<… ¡Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores!>>.

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Todas las puertas están abiertas… Todas las plegarias depositadas a los pies de Jesús Nazareno que va a empezar a caminar dulcemente por las calles del Pueblo para librarnos del pecado y de la Muerte.

Dejar constancia. Aunque con retraso, pero… sólo queríamos dejar constancia de una emoción vivida, que las palabras no saben expresar, en la tarde del Martes Santo en la Capilla del Hogar de Ancianos de Jesús Nazareno, junto a Él, con Ellos, con la Comunidad de Hermanas Hospitalarias, con el Personal de la Santa Casa, con el Coro del Centro de Atención al Minusválido Físico, dirigido por Juan Clímaco, con los Hermanos de Jesús Nazareno, con las personas que entraron en la Capilla a orar con nosotros también. Agradecemos a Florencio Escribano los versos de sus poemas, leídos en este emocionante encuentro en la Capilla de Jesús Nazareno en la tarde del Martes Santo.

Las puertas se cerraron luego… para abrirse, tres horas después, nuevamente, a la luz de su Estación de Penitencia: ¡Oración y Silencio!

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