Ayer, mientras ensayábamos con los Hermanos Costaleros de nuestra Hermandad, recibíamos la terrible noticia del asesinato del sacerdote salesiano Antonio César Fernández. Un whatsapp con el comunicado emitido por la Congregación Salesiana nos dejaba con una sensación de inmensa pena, de dolor y de impotencia indescriptibles.

Justamente ayer, día 15, hacía tres meses exactos que habíamos publicado en nuestro blog la noticia de que Antonio César iba a predicar este año el Triduo en honor a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tanto él como nosotros habíamos puesto una grandísima ilusión en esos días en los que íbamos a disfrutar de su presencia, de su testimonio, de su profunda vocación misionera, de su ejemplo de vida entregada a los más pobres de los pobres. Pero Dios ha querido que esa ilusión se truncara, que su viaje acabara de forma cruel e inesperada en una frontera de África, esa tierra a la que Antonio César tanto amaba.

El Crucifijo que siempre llevaba a la vista de todos, esa Cruz en la que Jesús entregó su vida por nosotros, fue también la Cruz a la que él se abrazó con fe inquebrantable, la Cruz que le llevó a dar, como Jesús, su vida por los demás. Su martirio, a los que nos consideramos cristianos, nos deja un tesoro de valor incalculable: el ejemplo de su fe, de su entrega sin condiciones, de su servicio, y ese ejemplo inspirará a muchos y les dará fuerza para seguir en el camino a pesar de todos los obstáculos que se puedan presentar.

A toda su familia, a la Congregación Salesiana y a todos los que le querían manifestamos desde aquí nuestro profundo pesar, compartimos con ellos su dolor y pedimos a Jesús Nazareno que lo tenga a su lado. Descanse en paz.