Continuamos con la segunda parte de la carta de despedida de nuestro Hermano Mayor, Juan Moreno, dirigida a la Hermandad y a todos sus Hermanos cofrades.

(…) Por mi parte, simplemente, he tratado de aportar todo lo que ha estado en mi mano, pero siento, como estoy seguro que habrán sentido todos los hermanos que me han precedido en la función, que ello ha sido poco, si bien me queda el consuelo de saber que la Hermandad y yo nos conocemos ahora mucho mejor; que la Hermandad sabe en qué le puedo ser útil y que yo mismo conozco mejor la Hermandad y las necesidades propias o ajenas que atiende y en las que, llegado el caso, pudiera también serle útil.

Ha coincidido este año con el veinticinco aniversario de la Cuadrilla de Hermanos Costaleros que, desde su creación, nos vienen dado ejemplo de fortaleza en el mantenimiento de la idea de solidaridad que se manifiesta en la llevanza del paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y a los que tengo que agradecer, además de sus continuas muestras de simpatía y cariño, el hecho de que me hicieran un hueco bajo el Paso y me permitieran comprobar que no hay carga pesada si se lleva con alegría y compañerismo.

No tengo más remedio que agradecer muy especialmente las enseñanzas de dos religiosos que este año pasaron por la Hermandad. En primer lugar, y cronológicamente, el que fue mi amigo de infancia, el P. Miguel Sánchez Alba, predicador del Triduo y que, desde su labor diaria en la parroquia de El Puche, en Almería, nos da ejemplo de la generosidad en el trabajo de difundir la fe y la generosidad con los necesitados. Igualmente, he tenido la dicha de conocer al P. Pedro Meca y la labor que hace con los que carecen hasta de un techo en el que guarecerse, y todo ello con la mayor naturalidad y sin perder la sonrisa.

 

Quiero expresar públicamente mi agradecimiento a toda mi familia y especialmente a mi esposa, mi madre, hermanos e hijas que me han apoyado, acompañado y suplido en las obligaciones familiares cuando he debido atender necesidades de la Hermandad.

Quiero por supuesto agradecer también las muestras de cariño a todos los Hermanos de Jesús y personas allegadas a la Hermandad y especialmente a su presidenta, Mª Carmen Fernández, que en todo momento ha estado en contacto conmigo guiándome y ayudándome en el desempeño de la función así como de su animosa y alegre Junta Directiva que rige los destinos de una institución que pasa ya de los cuatrocientos años de vida y que aspira a muchos más.

Quiero también agradecer el afecto de la Comunidad Religiosa que atiende la Santa Casa, y la simpatía de todos sus residentes, que me han hecho sentir especialmente la razón de ser de la Hermandad.

Y quiero agradecerle muy especialmente a Él que, desde su mirada fija y doliente, me haya transmitido, como le transmite a todo el que cualquier mañana del año se acerca a visitarlo, que el sufrimiento y la privación siguen mereciendo la pena, si ello nos permite construir una humanidad más generosa y justa.

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