Martes Santo, segunda parte.

Antes de que dé comienzo la procesión, en la tarde del Martes Santo hay tres focos de atención principales para nuestra Hermandad. El primero en la Capilla donde, a las 19’00 horas, los componentes de la Vocalía de Estación de Penitencia y los encargados de ayudar en la organización del desfile, empiezan a recibir a los Hermanos que van a participar en el mismo bien con cirio o bien portando enseres. El segundo es en la Casa de Hermandad donde, a la misma hora, los Hermanos Costaleros están citados para hacerse la ropa y recibir las últimas instrucciones y el trabajo asignado por el equipo de capataces. 

El tercer punto es el domicilio del presidente desde donde, a las 19’15 horas está prevista la salida de la comitiva que va a recoger al Hermano Mayor, acompañada de la Banda de Cornetas y Tambores Ntra. Sra. de Gracia de Carmona, Sevilla.

La Capilla se va llenando poco a poco de Hermanos y, a las ocho en punto, entra la extensa cuadrilla de Hermanos Costaleros, 71 en total, para hacerse la foto de grupo. Unos minutos antes han llegado también el Hermano Mayor y el presidente junto a sus acompañantes. Con algo de retraso esperando al sacerdote, se hace la Celebración de la Palabra y el presidente dirige sus amonestaciones para un buen transcurrir de la Estación de Penitencia. Ya sólo queda aguardar a que sean las nueve para que se abra el portón de la Capilla y comience el tan anhelado día grande de nuestra Hermandad.

Jesús Nazareno reinó en las calles de Pozoblanco.

A las nueve y dos minutos, mil cuatrocientos cuarenta y ocho días después, la Cruz de Guía volvía a salir a la Plaza de la Iglesia, espectacularmente abarrotada de personas que querían ver a Jesús. Tras ella, la guardería y las filas de Hermanos de Luz entre las que se intercalaban los símbolos de la Hermandad, estandarte, Libro de Reglas, bandera, relicario del Beato Cristóbal, y la representación de la Cofradía de Soldados Romanos y Penitentes, con su capitán al frente.

La presidencia precedía a la capilla de acólitos que anunciaba la llegada del paso de Jesús. A las nueve y dieciocho, en el interior de la Capilla, completamente a oscuras, se oían los primeros golpes de llamador y el capataz se dirigía a los costaleros dedicando la primera levantá a los ancianos y teniendo un recuerdo por uno de ellos, Juan Antonio Caballero, que nos dejó hace unos meses. Con delicadeza, muy poquito a poco, el majestuoso paso fue atravesando el dintel de la puerta entre el silencio del gentío, sólo interrumpido por la voz del capataz. La Marcha Real y los aplausos cerraron esta maniobra dos minutos después y Jesús Nazareno se mostraba, ante el pueblo expectante, imponente en su sencillez.

De nuevo sonaba el llamador, el paso se levantaba y la Banda de Ntra. Sra. de Gracia interpretaba el Véante mis ojos acompañando el primer y emotivo giro para dejar a Jesús mirando en dirección a la puerta de entrada a la Residencia de Ancianos. Volvía a pararse el paso y, un año más, Antonio de Pozoblanco desgranaba una saeta con una dedicatoria al ya citado Juan Antonio Caballero que emocionó a todos los presentes. A partir de aquí, el desfile tomó su itinerario con normalidad llegando a Carrera Oficial en tiempo y hora. Detrás de Jesús, alrededor de trescientas personas que siguieron devotamente sus pasos por todo el recorrido.

De vuelta a la Capilla.

La saeta de Manuel Cuevas desde el balcón del Ayuntamiento, que luego volvía a cantar en la calle Misionero César Fernández, ponía un marco excelente a la entrada en Carrera Oficial. El ritmo, vivo en todo el desfile, hizo que la Cruz de Guía y el cortejo al completo llegara a la Capilla con un importante adelanto sobre los horarios anunciados. Antes de la entrada, se hizo Estación de Penitencia en el interior de la parroquia y se rezaba una oración ante la Imagen de la Virgen de los Dolores, donde nos esperaba la Hermana Mayor y la Junta de Gobierno de su Hermandad, a las que agradecemos su gesto.

Las marchas Ave María, como saludo a la Virgen, Véante mis ojos, interpretada mientras el paso de Jesús atravesaba la Plaza de la Iglesia entre las filas de sus penitentes, y Padre Nazareno, con la que se hizo el giro para entrar de nuevo en la Capilla, pusieron el punto y final al itinerario musical previsto y magníficamente ejecutado por la Banda de Carmona.

Una vez dentro, D. Natalino Rendo nos dio la bendición cerrando una noche de Martes Santo que, sin duda, nos resarció de los tres años últimos en los que no hemos podido salir por causa de la pandemia y de la lluvia.

Agradecimientos.

No podemos terminar sin agradecer su presencia acompañándonos a la representación de la Cofradía de Soldados Romanos y Penitentes, con su capitán a la cabeza. Igualmente, a la Agrupación de Cofradías, en particular a su presidente y al delegado de día por sus desvelos todo el día y por la rápida resolución de una incidencia de última hora. A la Cofradía de la Caridad, en la persona de su vicepresidente, por su colaboración en la colocación de las vallas. A la Banda de Cornetas y Tambores Ntra. Sra, de Gracia que acompasó magníficamente el paso de los costaleros. Y, cómo no, a toda la Junta de Gobierno y Hermanos de Jesús que estuvieron al pie del cañón, desde muchos días antes, preparando y trabajando para que todo saliera lo mejor posible. Que Jesús Nazareno se lo premie a todos.

Les dejamos un amplio reportaje con fotos de NH Rafael Sánchez, de Turismo Pozoblanco o de la Agrupación de Cofradías.