Martes Santo.

Con la certeza de saber que el tiempo no iba a impedir, este año, nuestro desfile procesional y con un azul radiante en el cielo, el Martes Santo, nuestro Martes Santo, comenzaba temprano en la Capilla de Jesús con la asistencia de algún miembro de la Junta de Gobierno a la misa de la mañana. Poco después, el trajín, el ir y venir de innumerables personas, rompió la habitual tranquilidad de la Capilla.

La Junta de Gobierno, especialmente la Vocalía de Estación de Penitencia, se afanaba en colocar bancas, preparar los enseres y símbolos que no se pudieron sacar el día anterior y dejar todo dispuesto hasta el último detalle para la hora de la procesión. En la sede, mientras, muchos Hermanos se acercaban a por cirios o a pedir cruces de madera para ir con las promesas. Y en la Casa de Hermandad, los costaleros y sus mujeres, novias e hijas preparaban los bocadillos con los que repondrían fuerzas al acabar su trabajo.

Fueron incontables los devotos que, bien individualmente o bien en grupo, se acercaron a la Capilla a ver a Jesús Nazareno, anticipándose a lo que podrían contemplar en la calle unas horas más tarde. Se recibieron visitas del CAMF, de varios centros de Fundación Prode, de la Residencia El Salvador de Pedroche.

A la una en punto, la Junta de Gobierno de nuestra Hermandad se trasladaba a Santa Catalina para cumplimentar la visita institucional a la Virgen de los Dolores, ante la que se rezaba una oración, y a su Hermandad. Finalizada esta, era la Junta de Gobierno de la Cofradía Servita la que se dirigía a la Capilla del Santo Hospital donde, juntos, dirigíamos una oración a la Venerada Imagen de Nuestro Padre Jesús.

Una hora más tarde, la Capilla quedaba cerrada y nos marchábamos a casa con la tranquilidad de haber dejado todo ultimado y de saber que, a la hora fijada, Jesús Nazareno saldría a las calles de Pozoblanco después de mil cuatrocientos cuarenta y ocho días sin hacerlo el Martes Santo. De eso hablaremos en la próxima entrada. Acabaremos ésta diciendo que volvimos a echar de menos la entrañable y emotiva oración con los ancianos ante el paso de Jesús pero las medidas sanitarias lo han vuelto a impedir. Ojalá sea la última vez y que el año próximo podamos compartir con ellos esos momentos que, para muchos, son los más gratificantes y esperados de todo este intenso día.