Saber ser y estar: «La reivindicación de la utopía, o la utopía como anhelo».

En el comienzo mismo del Acto se hizo Dios presente en el rezo del Padrenuestro: he aquí que, de pronto, Dios bajaba a ser padre del hombre, convertía la religiosidad en una historia de amor, se ponía <<a nuestra altura>>. No tronaba desde la zarza ardiente, ni había que descalzarse en su presencia. Bastaba, simplemente, con descalzar el alma. Adorarle era sinónimo de amarle. El mejor de los inciensos era sencillamente comenzar a sentirse hijo suyo. Orar era como tender la mano, como entrar en una casa caliente. Era… como si hubiera nacido un <<nuevo>> Dios.

La Cruz, que para los cristianos es un “árbol de salvación”, preside, alumbrada por dos cirios tiniebla, el espacio escénico en donde se va a proclamar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. La Cruz latina, austera y desnuda, que cuelga de una de las paredes del domicilio social de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno ubicado en su Santo Hospital, bajo la que su Junta de Gobierno toma las decisiones inspirada por su símbolo y por las Constituciones escritas en 1605, año fundacional, y aprobadas por el Obispo de la Diócesis, D. Pablo de Laguna, en 1606, año de Nuestro Señor, es el Testimonio, la Revelación, la Aseveración, la Manifestación de una Verdad en las palabras pronunciadas por Ángel María. La Cruz, cuya verticalidad representa la divinidad de Jesús; y la horizontalidad, su humanidad, es, asimismo, el peso de la Historia.

La Historia mencionada por Ángel María López Castilla en su pregón. La Historia necesaria. La Historia de nuestras Hermandades y Cofradías que, como Cofrades activos, debemos saber, respetar y transmitir, sin tergiversarla, para realizar coherentemente las finalidades escritas en sus Estatutos respectivos; y ésto, haciéndolo todos unidos, cumpliendo fielmente los objetivos propuestos porque, de lo contrario, sólo daremos argumentos a quienes quieran atacar la propia naturaleza de nuestras Cofradías y Hermandades, de nuestras asociaciones públicas de fieles cristianos. Y, además, sin perder de vista que nuestros niños y niñas son los herederos futuros de la Historia veraz y documentada de las Hermandades y Cofradías de la Semana Santa de Pozoblanco.  

Lo que no se ve.

Así hemos denominado nosotros, con permiso de Ángel María López Castilla, el capítulo, quizá más íntimo y sentimental, de su personal, comprometido, solidario, magnífico y fraternal Pregón de Semana Santa, que nos hizo enjugar de nuevo las lágrimas. Dos aforismos sustentan este capítulo: “Para andar bien los pies tienen que ir muy pegados al suelo”. Y, “La vida no va de obtener lo que se merece, sino de aprender a merecer lo que se obtiene”, rindiéndoles en él un elegante y emotivo homenaje, In Memoriam, a nuestros Hermanos de Jesús, Ángel Luis López Márquez y Lola Fernández García, definiéndolos como “esas personas que estaban para todo sin hacer ruido”, entregándoles, públicamente, un precioso ramo de flores a sus familiares que se encontraban sentados en la primera fila de butacas del Teatro El Silo. Y de Personas habló el Pregonero: hombres y mujeres iguales, comprometidos en la misma Fe, velando por una Semana Santa esencial, auténtica.

La Música.

“Ave María”: “Silencio y Gloria”: “Costalero del Soberano”, y “Véante mis ojos”: Marchas magistralmente interpretadas por la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía Salesiana del Santísimo Cristo del Perdón, María Santísima de la Amargura, y San Juan Bosco, “Los del Perdón”, dirigidos por Carlos Arévalo García, elevó, sublime, al cielo, la melodía, el ritmo, las armonías de los mensajes pronunciados por el Pregonero desde el atril a los corazones de los Cofrades asistentes en la mañana del Domingo V de Cuaresma, 17 de marzo de 2024, al XLVI Solemne Pregón de Semana Santa.

Ángel María López Castilla finalizó sus palabras expresando sus sueños infantiles conseguidos en su Semana Santa personal. Ahora, hoy, aquel niño hecho hombre sueña incesantemente con “ver UN Jesús Nazareno, y a sus Cofrades todos unidos”.   

Una larga ovación de los asistentes, puestos en pie, agradeció al Pregonero su Pregón singular y comprometido, pleno de vivencias y de valores, de sueños cumplidos y de sueños por cumplir. ¡Gracias de corazón, Ángel María!

(RRF)